De repente me he despertado teniendo una sensación extraña, algo me hacía no estar tranquila.
Un sueño. Un sueño es lo que me hacía estar inquieta aquella mañana.
Al principio no le di importancia, pero, sin saber por qué, aquel sueño me fue acompañando a lo largo del día. ¿Por qué? Un sueño tan simple y sin embargo no se me va del pensamiento.
Pensaba que era algo absurdo, algo intrascendente, pero mi mente no quería olvidarlo. Recordaba con exactitud cada detalle, cada color, cada imagen.
"Una casa nueva, preciosa, en una zona llena de casas en pequeñas colinas. No sé por qué pero sentí la necesidad de pintar mi nueva casa yo misma, cada habitación de un color, todas de colores vivos, amarillo, naranja, verde... como las típicas casas mejicanas. Estaba orgullosa de cómo habían quedado esas habitaciones, pero una amiga llegó a casa, y extrañada me preguntó: ¿Cómo has pintado la casa así?, deberías pintarla en un tono beige, quedará mejor, menos escandalosa. A mi me gustaba como había quedado, pero ese comentario me hizo ver las habitaciones horrorosas y sin pensármelo decidí hacerle caso y pintar toda la casa de beige"
Un sueño muy normal, lo que no era normal es que no parase de pensar en él. Poco a poco el sueño fue tomando forma, todo lo que había soñado me quería decir algo. Me doy cuenta entonces de que quiero pintarlo todo de colores, darle a mi vida el color que yo quiera. Pero no es tan fácil, una persona, la sociedad, las obligaciones hacen que mi sueño no se haga realidad, hay que pintarlo de beige para ser más discreto, hay que seguir la línea marcada para poder ser aceptado, porque necesitamos ser aceptados en la sociedad, y muchas veces abandonamos nuestros sueños por no ser diferentes.
Pero esa persona que te quiere es capaz hacerte ver que hay otra realidad, diferente a la que todos siguen como zombis, se puede salir uno de la fila."Empieza pintando una habitación de color naranja, poco a poco ve pintando las habitaciones de tu casa, realízate, y pinta la casa, la vida, del color que tú quieras"
Enlace: http://ruyelcid.blogspot.com/2011/01/delineante.html
viernes, 4 de febrero de 2011
sábado, 8 de enero de 2011
La casita de muñecas
A María le encanta jugar en su casita de muñecas, empezó montando toda la casa, colocando cada uno de sus muebles en el sitio adecuado, le gustaba que todo estuviese muy bonito, es una niña muy perfeccionista.
El dormitorio principal, la cocina, el salón, lo había preparado todo para poder jugar con sus muñecos.
Jugaba con su Nancy, que era la mamá, tenía tres niños y se preocupaba de preparle el desayuno, planchar sus ropitas y llevarlos al cole. El papá iba a trabajar y cuando venía, comían felices lo que mamá Nancy había preparado.
Pero se dio cuenta de que esa casa había cambiado, esa casa tenía una hipoteca, había que pagar la letra del coche, pagar la luz, el agua, el teléfono. Sus pequeños niños también habían cambiado, el mayor de los niños tenía problemas en el colegio, ella tenía que estar muy pendiente del pequeño, de las actividades extraescolares del mediano, de los cumpleaños de los amiguitos, sus deberes.
Ahora, en ese salón que había preparado tan bonito para su familia, preparaba reuniones con los amigos, hablaban de política, de cómo estaba el mundo, de lo difícil que es educar a los niños de hoy en día.
En un abrir y cerrar de ojos, María sigue jugando a las casitas, pero en una casa grande.
La casita de muñecas de María se había transformado por completo tan rápido...
María a veces quería volver a jugar a los papás y a las mamás con sus muñecos, pero ahora se veía allí en la casa de sus sueños, pero con problemas de verdad, con personajes de verdad, en algunos momentos quería volver a dormir, y verse jugando con su Nancy en aquella casa que le habían regalado los reyes y en la que la vida era tan sencilla.
El dormitorio principal, la cocina, el salón, lo había preparado todo para poder jugar con sus muñecos.
Jugaba con su Nancy, que era la mamá, tenía tres niños y se preocupaba de preparle el desayuno, planchar sus ropitas y llevarlos al cole. El papá iba a trabajar y cuando venía, comían felices lo que mamá Nancy había preparado.
Pero se dio cuenta de que esa casa había cambiado, esa casa tenía una hipoteca, había que pagar la letra del coche, pagar la luz, el agua, el teléfono. Sus pequeños niños también habían cambiado, el mayor de los niños tenía problemas en el colegio, ella tenía que estar muy pendiente del pequeño, de las actividades extraescolares del mediano, de los cumpleaños de los amiguitos, sus deberes.
Ahora, en ese salón que había preparado tan bonito para su familia, preparaba reuniones con los amigos, hablaban de política, de cómo estaba el mundo, de lo difícil que es educar a los niños de hoy en día.
En un abrir y cerrar de ojos, María sigue jugando a las casitas, pero en una casa grande.
La casita de muñecas de María se había transformado por completo tan rápido...
María a veces quería volver a jugar a los papás y a las mamás con sus muñecos, pero ahora se veía allí en la casa de sus sueños, pero con problemas de verdad, con personajes de verdad, en algunos momentos quería volver a dormir, y verse jugando con su Nancy en aquella casa que le habían regalado los reyes y en la que la vida era tan sencilla.
jueves, 25 de noviembre de 2010
Medianoches de Marora
Un sabor que me hace salivar, y recordar. Un sabor nítido, igual que todos los recuerdos que él me trae, las medianoches de Marora. Detrás de este perdido recuerdo, me vienen más, muchos más: su compota, el auténtico bizcocho, los boquerones en vinagre, natillas... y tantos y tantos platos que ella hacía como nadie.
Mi mente va divagando sin parar, va de un recuerdo a otro, esos sabores me llevan a la casa de mi infacia, a ese patio donde pasé tantas horas jugando, al pilar donde disfrutábamos las tres primas bañándonos los días calurosos de verano y ese barreño grande donde nos metían porque no había bañera.
Aún puedo vernos a las tres primas mirando en la despensa de Marora cogiendo las latas, el azúcar, y todo lo que nos pudiera servir para jugar a las tiendas. Jamás se me olvidará esa balanza de platos dorados con sus pesas en todos los tamaños que ella nos repetía una y mil veces que no la usásemos para jugar, pero al final nos dejaba por ver a sus nietas reir.
Cuando fui la última vez a esa casa el huerto de arriba me parecía pequeñísimo, yo lo veía antes enorme, con sus tres grandes cerezos, la higuera a la derecha y su pared de piedras que nosotros escalábamos para coger los platanillos y venderlos en nuestra tiendecica.
Marora nos miraba mientras, sin pestañear, hacía ganchillo. Sus manos estaban bastante mal por el desgaste del trabajo, aún recuerdo cuando lustraba los roscos, metiendo sus manos en el almíbar ardiendo. Cuando lo hacía, toda la casa se llenaba de un aroma especial.
Al llegar la noche, cogíamos nuestras sillas y nos salíamos a la puerta a charlar con las vecinas, nos sentábamos en las escalerillas de una de ellas y la volvíamos loca con nuestras risas. Cómo olvidar lo bien que nos lo pasábamos jugando a la comba, a la goma o escurriéndonos por el surco que había en medio de la calle para que el agua corriese.
Esos recuerdos me llevan a otros, tengo pocos recuerdos de Padre Rafael, verlo en la puerta de la tienda de mi padre con sus dos metros de altura y su sobrero, todo elegante y regio. También cuando nos sentaba en sus rodillas y nos enseñaba a sacar sonido, como un pitico como él decía, a una teja. Y cómo no, el más amargo, y que jamás olvidaré, yo vestida toda de blanco, morena de la playa, entrar en el portal y mi padre llevarme al dormitorio: "Dale un beso en la frente a Padre Rafael", ese beso frío en la frente de mi abuelo es una sensación que jamás podré olvidar. Fue la primera persona muerta que vi y no he querido jamás ver a nadie más.
Por eso quise siempre mantener el recuerdo de Marora como la persona alegre y trabajadora que tenía de pequeña, siempre en sus quehaceres y volcándose en su familia. Me negué por mucho tiempo a ir a visitarla cuando se estaba apagando, ahora sé que no hice bien. Nos diste tanto a todos. Aunque tarde sigo llorando que no estés aquí. Hoy tengo el pasado más presente que nunca. Un beso Marora.
lunes, 18 de octubre de 2010
La Puerta Azul
Mientras paseaba por aquellas calles, tenía una sensación extraña, pero reconfortante. Me di cuenta de que conocía cada uno de los recovecos de aquel lugar, aunque era la primera vez que iba a Grecia. Una extraña fuerza me llevaba por ellas, como si me arrastrase a algún sitio concreto.
De repente me encontré delante de una puerta azul mar y me quedé extasiada mirándola. Como en una película, cientos de imágenes vinieron a mí. Una chica alta, flaca, con el pelo largo y los ojos muy grandes parecía mirarme desde dentro, aunque la puerta estaba cerrada.
Pude ver con claridad imágenes que parecían de otra época: " Dos niñas, una de ellas la niña que acababa de ver, corrían y saltaban por las escaleras que tenía detrás", me volví pero allí no había nadie.
Volví a mirar la puerta y vi una gran mesa rodeada de gente, una familia de otra época, no muy lejana, comían, reían y comentaban lo bien que lo habían pasado en la fiesta del mar del día anterior, las dos niñas estaban también en la mesa. La puerta seguía cerrada.
La escena cambió, dos chicas adolescentes se besaban apasionadamente, una de ellas era con toda seguridad la niña pequeña que había visto jugar en las escaleras.
Un sudor frío me recorrió el cuerpo, la otra chica tenía un extraño parecido a mí, tenía la sensación de haber vivido esa escena, me llevé la mano a los labios y los noté aún cálidos y húmedos.
"Berta, Berta, ¿qué te pasa?". Mi compañera de viaje, mi amiga y actual pareja Beatriz, me hizo volver a la realidad. "No sé, Beatriz, aunque no te lo creas, acabo de verme en otra vida y tú, también estabas allí".
miércoles, 22 de septiembre de 2010
¿Por qué vemos las cosas rojas y no las verdes?
- La sonrisa de mis hijos cuando se han levantado.
- El primer beso de mi marido esta mañana
- Salir a la terraza y notar el fresco de la mañana y el cantar de los pájaros
- El olor de las tostadas
- El saludo de una persona que hace tiempo que no veía
- La canción que me recuerda algunos momentos vividos
- Partirnos de risa jugando en el suelo con mis hijos
- Esa sesación de paz que te queda cuando todos están en la cama y tu estás tráquilamente en el sofa leyendo un libro
- Unas risas con las amigas mientras te tomas un café
- Pensar en la próxima feria, esas gambitas, y ese rebujito
El cerebro es como otro músculo, puedes moldearlo a tu manera, si tú tienes una mentalidad positiva, tu cerebro va acostumbrándose poco a poco a no pensar en negativo.
No es que haya descubierto nada nuevo, pero a veces nos olvidamos de lo bueno de la vida y necesitamos que alguien nos de un toque para cambiar de actitud. Nos centramos solo en lo negativo, e incluso nos recreamos en todo lo malo que nos está pasando, en lo desgraciados que somos, y un velo de negatividad lo cubre todo, no vemos más allá de aquello que nos preocupa.
No se si habréis sentido la necesidad de que os protejan porque os sentis mal, pero es como una droga, alimentas lo negativo para sentirte mal y así recibir ese cariño, sin pensar que la sensación de compartir la felicidad es más grata que la de compartir el dolor.
Yo os invito a ver las cosas verdes de la vida que las rojas ya vendrán solas.
Nota: para aquellos que no hayan visto el video que me inspiró para escribir esta entrada, os pongo aquí el enlace: http://www.cuatro.com/el-hormiguero/videos/elsa-punset-nos-ensena-trucos-cerebro-reflexionar-felicidad/20100916ctoultpro_2/
martes, 7 de septiembre de 2010
Nudos
Cuando la cuerda se tensa, el nudo se hace más fuerte, eso es lo que pasa con algunos tipos de nudos, si lo dejas flojito quizá el nudo se deshaga. Con las personas pasa lo mismo.Siempre que había fiesta, Martín estaba allí, y eso se reflejaba en su carácter, alegre y con ganas de comerse la vida. Cuando había que ayudar, él estaba dispuesto. Pero la vida le fue dando golpes, golpes muy fuertes de los que es difícil levantarse.
Los primeros problemas de la vida surgieron pronto, pero eran leves, podía remontar. Poco a poco, como a cualquier persona, la cosa se fue complicando. Porque nuestras vidas se van complicando cuando vamos cumpliendo años. A mayor edad más gordos son los golpes.
El definitivo le cambió totalmente la vida. Hizo que su forma de pensar cambiase totalmente, y los problemas se fueron sucediendo, cada vez más complicados y combinados con los anteriores. Martín era fuerte, aparentemente seguía con su carácter, pero tanto tiempo guardando sus sentimientos, no es algo que pueda aguantar ninguna persona y se notaba en su apatía y en sus ojeras.
No podía seguir así, y los que estaban con él se dieron cuenta, le gustaba ser libre, y cuanto más intentaban controlarlo y estar encima de él, más intentaba huir de aquello que le ataba.
Siempre hay un punto y aparte en la vida, y un simple comentario de una persona, le hizo recapacitar.
Los hombres somos fuertes, y tenemos que vivir la vida que nos ha tocado, si nos preocupamos más de regodearnos en lo malo, que en lo que estamos viviendo, no disfrutamos de lo bueno que pasa por ella.
Y esto le cambió la vida. Porque como dijo John Lennon: "La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes"
jueves, 26 de agosto de 2010
Más papista que el Papa
Son las tres de la tarde, el sueño me va atrapando y cuando estoy que ya casi se me cae la baba, "Ruuuuun, ruuuuuun", salgo de mi sueño, son los niños que empiezan a correr como locos con sus motos correpasillos por delante de las terrazas. ¡¡¡Pero bueno!!! " ¿Esos niños no tienen padres?.
Varios vecinos salimos con cara de sueño y nos miramos como diciendo, ¿Qué hacemos?, ¿Para que se dicen las cosas en las reuniones?. Normas vecinales, yo creo que son necesarias para la buena conviviencia, pero según veo, hay gente a la que eso le parece una tontería.
A veces me pregunto si seré poco tolerante.
No lo puedo evitar, no puedo aguantar ir a 90 Km/hora en una carretera donde el límite de velocidad es 80. Pues si, es algo que no puedo remediar. No puedo remediar seguir las normas, ¿es un defecto?, no lo sé. Pero me hace pensar.
Los que me conocen bien, me lo recuerdan constantemente, "Más papista que el Papa" ¿quizá?
lunes, 26 de julio de 2010
Como agua para Chocolate
Coahuila, en tiempo de la Revolución mejicana. En esta ciudad las costumbres son arraigadas y la casa de Tita no es la excepción. Las normas de la familia indicaban que la última hija de una mujer debía dedicar su vida a atender a su madre, así que Tita debía entregarse completamente al servicio familiar y olvidar el amor, ya que era la hija menor. La conjugación comienza a complicarse cuando Tita se enamora de un joven, lo cual es muy mal visto por la familia de Tita. Como le está prohibido relacionarse con cualquier hombre a Mamá Elena halla una "solución", ofrece a su otra hija en matrimonio, el chico acepta para estar cerca de Tita. (Novela de Laura Esquivel) Pasa el tiempo, pero nada cambia. Existen muchas "Titas" en el 2010. Cuando leí este libro pensé que era imposible que lo que narra la protagonista de la historia (Tita) pasase ahora, pero con el tiempo y conociendo a mucha gente, me he dado cuenta de que no es así.
Son las hijas pequeñas de la casa, que en lo que ellas o sus madres creen su deber, sacrifican su juventud y parte de su vida para cuidar a sus padres.
Son unas cadenas pequeñas, invisibles, pero firmes, que les unen a sus progenitores, pasa el tiempo y poco a poco su proyecto de vida va cambiando.
Hay que dejar pasar aquella maravillosa historia con Javier de Santander, porque, "¿cómo voy yo a dejar a mis padres aquí e irme tan lejos?, ¿y el trabajo en Santiago?, ¡no, no, no puedo hacerlo!".
Son madres de todos, amigos de muchos, pero en el fondo están deseando tener ese churumbel que les cambie la vida. Y yo digo, ¿por qué no?, ya es hora de que las "Titas del mundo" se revelen y busquen esa vida que se merecen, a la que todos tenemos derecho.
sábado, 10 de julio de 2010
Ideas en escabeche
Hoy he oido esta frase, y me ha gustado.
Muchas veces hablamos sin pensar, a lo loco, sin pararnos a ver si lo que estamos diciendo puede herir los sentimientos de la persona que tenemos delante.
Cuantas veces hemos dicho algo por decir, por rellenar un hueco en una conversación o por simplemente no quedarnos callados.
Pensamos que todas las personas son igual que nosotros, que por sus cabecitas pasa lo mismo, pero no es así, algo que tú dices sin ninguna intención, acaba transformándose en lo más gordo del mundo para la otra persona.
Eso de las "ideas en escabeche", dejarlas macerar antes de decirlas, me ha gustado, dos segundos, tres o si es algo muy importante incluso días.
Sé que eso le quita expontaneidad a la vida, pero a veces esa expontaneidad está haciendo mucho daño a alguien.
sábado, 3 de julio de 2010
Changa de pollo y Chicha
Un delicioso aroma me lleva de nuevo hasta ti, es un aroma que viene del otro lado del Atlántico y me trae recuerdos llenos de experiencias y alegrías.
Estamos tan cerca pero sin embargo tan lejos. Es una distancia que se puede recortar en dos segundos, porque un nuevo contacto me hacer sentir que no hemos dejado de hablar nunca. En unos momentos, todos los meses pasados se concentran en un sinfín de palabras, intentamos ponernos al día de todo lo vivido, y me siento a gusto, hay personas con las que conectas y la distancia no importa.
Ese último café que tomamos, fue rápido, una visita fugaz, pero reconfortante, de las que te ponen de nuevo las pilas, porque tú sabes sacar de mi una persona alegre que me hace sentir feliz, estás llena de vida y eso se lo transmites a los demás.
Hay circunstacias en la vida que te alejan de personas con las que te gustaría vivir tu día a día, pero quizá esto hace que esa amistad sea más fuerte porque supera la barrera de las distancias.
Hay varías personas así en mi vida, pocas, creo que es lo importante, pocos pero buenos amigos. Ellos saben los que son, porque sé que sienten lo mismo que yo. Amigos con los que disfrutas de cosas sencillas como una cerveza en una terraza, un café o una simple charla en cualquier sitio.
Con algunos tengo más contacto, con otros la cosa es más complicada, y en mi corazón hay personas que no he vuelto a ver en años, pero que han sido importantes en mi vida, se que nos volveremos a ver y en ese momento nos sentiremos como si nos hubiesemos visto ayer.
domingo, 27 de junio de 2010
El tranvía que se escapa
Voy viendo poco a poco cómo se aleja el tranvía, va a paso lento, pero puedo percibir su lento movimiento. Cada segundo da un paso adelante, se va escapando y se lleva cosas importantes de mi vida.
Es un momento de desahogo, pero también de amargura, son dos sensaciones contrarias que pesan sobre mi cuerpo.
No quiero deshacerme de esas cosas importantes, pero necesito descargarme por unos momentos, sentir de nuevo que soy una persona, una mujer aparte de una madre.
¿Estaré haciendo bien por darme esos momentos?, pero entonces ¿por qué siento que no actúo correctamente?.
Tenemos muchas anclas que no nos dejan volar, y nos mantienen con los pies en el suelo.
Por eso, yo, ahora, me tomo mi tiempo y dejo volar mi imaginación, sitiéndome libre por unos momentos, aunque sólo sean un par de horas.
Puede ser esta mi vía de escape.
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